La eterna enamorada del viento

viernes 24 de abril de 2009

Memorias de un terremoto


Renacimiento y Grandeza; el primer terremoto del siglo XXI, es libro que reúne una serie de textos y fotografías con el que se recuerda el aniversario del primer gran sismo del siglo XXI en Colima, del 21 de enero del 2003.
Este texto, producido por la Universidad de Colima, será presentado hoy miércoles a las ocho de la noche en la Pinacoteca Universitaria, en el Salón del Vitral, con la participación de varios de sus autores, entre ellos el rector Carlos Salazar Silva con la presentación del texto y Francisco Blanco Figueroa, como coordinador de la obra.
La recopilación de escritos que permiten analizar el fenómeno y no perder la memoria es el principal sustento de este libro, según expresa el propio Blanco Figueroa. Y añade que el libro consta de cinco apartados, en el primero de ellos se alude a los terremotos, se reseña cómo han sido estas manifestaciones naturales a lo largo de la historia en la cultura egipcia y griega, a cargo de Mauricio Bretón, en este mismo apartado José Levy hace un artículo sobre los terremotos en Colima, mientras que Tonatiuh Domínguez elabora un análisis particular sobre el sismo del 21 de enero desde el punto de vista científico, así como sus implicaciones y consecuencias.
Una segunda parte es Cronistas municipales, donde éstos narran la experiencia de este suceso en sus demarcaciones. En el tercer apartado, titulado Testimonios, siete colaboradores aportan su experiencia cómo es el caso de Margarita Rodríguez, coordinadora administrativa de Universo FM, quien hace una reseña acerca del papel que tuvo la radiodifusora universitaria, único medio que se mantuvo siempre al aire, y sirvió de enlace con la población, situación que refrendó la vinculación que tiene con la sociedad colimense.
La cuarta parte se denomina Palabras en movimiento. A ella la recrean escritores locales como Rogelio Guedea, Jorge Vega, Víctor Manuel Cárdenas, Nadia Contreras, Armando Martínez, y ahí mismo el coordinador de la obra nos da su visión del movimiento telúrico.
En una última sección llamada Imágenes aparece una nota de María Emilia Rangel sobre dos pinturas del artista colimense Alejandro Rangel sobre el temblor de 1941, así como un texto de Víctor Gil sobre los avisos escritos en mantas y en otros materiales dirigidos al público después del temblor, que reflejan un poco del humor después de la tragedia.
Francisco Blanco explicó, además, que este trabajo tiene la intención de ser complementado con un segundo libro en 2005 y en el que pueda incluir a más personas que cuenten sus experiencias de manera textual o gráfica.

Presentación de libro

Universidad de Colima
Dirección General de Información
A LA DERIVA, DE CESAR ANGUIANO, NOVELA QUE LLEGA AL PUERTO DE LA LETRA IMPRESA

En un ambiente cálido, de amigos, César Anguiano Silva presentó su primera novela A la deriva, el pasado viernes por la noche en el Museo Regional de Historia de Colima.Como presentadores César tuvo a los poetas Nadia Contreras y Jorge Vega. Nadia, autora de los poemarios Retratos de mujeres, Mar de cañaverales y Lo que queda de mí, compartió con el público fragmentos de esta novela publicada por la Editorial Praxis y que consta de 370 páginas, donde su autor narra los desgarramientos y peripecias que vive una familia de Alcaraces arrastrada por las corrientes profundas del narcotráfico.César Anguiano, dijo Nadia Contreras, “en un lenguaje directo y objetivo, nos enfrenta a una familia del hampa, a las consecuencias de sus actos, y nos habla de la autodestrucción del hombre sin memoria, de su esperanza y los sueños por la vida”.
Para Jorge Vega, autor de los poemarios Enterregado abril y Abierta flor, César es un hombre a quien “siempre le ha gustado narrar historias”, y que en A la deriva “se dejó llevar por su intuición de artista y por la fuerza que en sí tiene la historia. Lo que narra es un hecho basado en la realidad, aunque no la realidad en sí. Eso sí, hay mucho de él en Pepe, su personaje central, mucho de su gusto por el voleibol, por el agua, por el mar. Hay otro poco de él en Mauricio, uno de los hermanos de Pepe, en Carlos, el amigo escritor de Pepe, y mucho de Alcaraces, un pueblo que no registran los mapas nacionales (aparece Alzada, que es mucho más chico, pero no Alcaraces)”.
Dijo también que A la deriva “es una novela que luego de cinco años de navegación azarosa llega al puerto de la letra impresa. Naveguemos sus páginas y recorramos su bitácora de viaje para ver el mundo con los ojos de César. Tal vez entonces, al estar a la deriva, descubramos que el misterio y el dolor humano nos pertenecen a todos y que, como decían los antiguos, nada humano nos debe ser ajeno, aunque hayamos nacido en Colima, o en Alcaraces”.César, rodeado por sus hermanas, sus hermanos, su mamá, y sus amigos de toda la vida, aprovechó el momento para enunciar uno de los principios que han sustentado su oficio de narrador: “respeto los escritores que borran de sus trabajos toda huella de pertenencia o arraigo: los japoneses que escriben como ingleses, los americanos que escriben como mexicanos o los mexicanos que hacen novelas como alemanes. Yo no soy uno de ellos, yo soy un mexicano que escribe como tal y que no pretende escribir de otra manera. Proust escribió como francés, Cervantes como español. Ellos hablaron de su gente y yo de la mía”.
Al terminar la presentación dos amigos de César, Abel y Maique, dijeron sentirse contentos y orgullosos de ser amigos del autor y de su trabajo como escritor. Marina Saravia, otra amiga de César Anguiano, también tomó la palabra y dijo que el jueves por la noche había leído la novela de un solo tirón. La terminó poco después de que escuchara la explosión del volcán y comentó, para todos, que “no creía que el libro fuera tan bueno”, y eso no porque desconfiara de la capacidad su autor, sino porque la había sorprendido gratamente. Tanto, que le anticipó un futuro brillante a César en el universo de las letras.César, emocionado y contento con su primer hijo, comentó que al leer a Balzac y a Dostoievsky siempre le asombró “que muchos de sus personajes se parecieran a la gente de mi pueblo”, Alcaraces, y siempre tuvo, además, “la impresión de que en Colima y en México existían mujeres como Madame Bovary o Ana Karenina, o más peculiares aún. El problema era que no había quién contara esas historia y el punto era quién sería capaz de escribirlas con la dignidad que el ser humano se merece”.
Por eso decidió hablar en A la deriva, de personajes que uno puede encontrar fácilmente a la vuelta de la esquina.Antes de pasar a los bocadillos y al vino tinto y blanco, César agradeció a todos los amigos reunidos esa noche, a Héctor Porfirio Ochoa, moderador del evento, y dijo que “la Consuelo de mi novela no es perfecta, ni Paulín, ni Mercedes ni Pepe. Ninguno de los personajes que aparecen en ella. Pero tienen algo que los iguala a los personajes de Eurípides, de Cervantes o a los de Balzac, y es el hecho de ser o haber sido hombres; grandes y pequeños a la vez, cobardes y valientes, buenos y malos. Igual han sido los rusos, o los chinos, o quienes estamos congregados aquí, esta noche, celebrando no la publicación de un libro ni a su autor, sino celebrándonos a nosotros mismos”.

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